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Review: Aún Estoy Aquí

¿Podrá Brasil ganar un oscar este marzo de 2025? Si eso pasa, será gracias a Aún Estoy Aquí, la nueva película dirigida por Walter Salles (Estación Central, 1998; Diarios de motocicleta, 2004 y On the road, 2011). Nominada a Mejor Película Internacional, Mejor Actriz y, por primera vez para Brasil, como Mejor Película, la película cuenta la dictadura brasileña (1964-1985) en su punto medio y a través de la familia Paiva.

La historia comienza en 1970, mostrando ese contraste entre el apogeo económico y la violencia política, una nube que no se corre mientras disfrutan de la playa, de las reuniones con amigos y de la cotidianidad de una familia numerosa y feliz de clase media. Así, un baño en el mar se ensombrece con un grupo de helicópteros militares surcando el cielo y la cena se con la espera de la hija mayor demorada en un retén policial.

La vida transcurre, amenazada, en esa casa frente a la playa en Río de Janeiro donde a una hija se le cae un diente, los chicos adoptan un perrito y Rubens Paiva (Guilherme Silveira) cuenta una vez más qué lo enamoró de Eunice (Fernanda Torres, la actriz nominada al oscar). La narrativa pausada permite sumergirse y disfrutar de esa cotidianidad hasta que un grupo de tareas, de civil, se lleva al hombre y se queda de guardia en la casa.

A partir de entonces lo que antes era disfrute, se vuelve angustia contenida. Se llevan también a la mujer y a una de las hijas para interrogarlas. A ellas las liberan pero a Rubens, ingeniero y ex diputado, las fuerzas del estado militar ni siquiera admiten haberlo detenido. El drama que se despliega es íntimo y profundamente conmovedor: el duelo imposible de un marido y un padre sin certezas ni cuerpo.

Por eso lloramos más cuando vemos la casa vaciada por la mudanza que cuando se llevan a Rubens. Y por eso la angustia se seguirá llevando en la garganta mucho tiempo después de que prendan las luces de la sala, porque no hay forma de suturar esa herida. Ni el paso del tiempo ni el olvido colectivo lo lograrán, como no lo consigue el alzheimer de Eunice en las escenas finales.

Una joyita de principio a fin, Aún estoy Aquí tiene una fotografía en tonos cálidos que construye el tono melancólico y la época, salpicada por imágenes analógicas de video y por las fotos familiares guardadas en una caja. Lo mismo puede decirse de la música: Os mutantes, Gilberto Gil, Caetano Veloso —marca de época pero también de resistencia—. ¿Y vos, cuándo supiste que hay que insistir y no dejar que se instale una cotidianidad que amenaza la vida?

10/10

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