Azúcar y estrellas (Á la belle étoile) es una película francesa de 2023 que llega ahora a los cines en nuestro país. A caballo entre la biopic y la historia de superación personal y basada en la vida de un niño de origen marroquí que triunfa en el mundo de la alta cocina francesa, suma otro componente cinematográficamente digno a este subgénero que a mí, debo confesarlo, no me mueve un pelo.
La película nos muestra a Yazid Ichembarahen (interpretado por el youtuber devenido actor Riadh Belaîche) en un ir y venir entre la infancia signada por la pobreza, una madre que no está en condiciones de hacerse cargo de él ni de su hermanito y la amorosa familia de acogida; y la juventud tratando de meterse en el mundo de la pastelería. Todo esto manteniendo el código de una fotografía que no dice mucho en las escenas cotidianas mientras en los momentos en que Yazid cocina, se puebla de colores y brillos.
En esas escenas la iluminación hace foco en él, el resto del mundo queda en la oscuridad y el tiempo se ralentiza para dar lugar a primeros planos de los ingredientes y del batir, rellenar, montar, mezclar, etc. A mí la repetición del recurso me pareció excesiva, pero ya dije que el mundo de la cocina de élite no es algo que me conmueva y por ahí hay quien en lugar de ver la cantidad de ingredientes carísimos desperdiciados encuentre un placer estético que no esté mal multiplicar.
No obstante, se nota una preocupación del director Sébastien Tulard y del guionista Cédric Ido por hacer un retrato complejo de Francia, del tipo de ciudadanos que son los hijos de migrantes y de la cocina de alto nivel. Pero… los que mucho abarcan poco aprietan. Se ve una sutil forma de racismo en el modo en el que siempre es encontrado culpable de lo que sucede en la casa estatal para jóvenes o en el hecho de que la directora sea una mujer blanca privilegiada mientras sus subordinados son del mismo origen que los chicos.
También se ve el mundillo de las cocinas de primer nivel y las jerarquías que disfrazan el maltrato de disciplina, pero nunca se pone seriamente en cuestión. Pareciera que hay que ponerse pillo para evitar la confrontación y esforzarse; las bases del sistema no se tocan. No voy a hablar de la imagen negativa de la maternidad migrante —ni me preguntaré el padre dónde está— porque no terminaría más.
En suma, Azúcar y estrellas es una película visualmente agradable, con ciertas buenas intenciones pero algo superficial. Hay un personaje que dice que el talento son las ganas y que cuando tenés riqueza, las ganas se pierden… bueno, ahí hay una crítica a la desigualdad pero mal encarada, romantizando la pobreza como incentivo para esforzarse y triunfar. Algo así.
6/10