Romina Smile es el estreno nacional de la mano de Pablo Stigliani. Protagonizada por Martina Gusman, Vladimir Duran, Miranda Castiglione, entre otros.
Romina se encuentra en una bisagra de su vida, a punto de cumplir cuarenta años deja de ser contratada como promotora. Angustiada por perder el trabajo que la acompañó tantos años se encontrará con crisis internas y externas.

En los puntos a destacar está la lógica episódica de la película. El personaje principal pasa por muchos estados y lugares, como si se hubiese tratado de condensar una serie en un largometraje. Es un gesto que logra que el espectador no pierda atención en lo que ocurre.
Otro punto positivo es la experimentación con los planos y la paleta de colores. Pudiendo elegir una forma tradicional de contar una historia tan cercana al realismo, se apuesta por algo diferente. Esa diferencia en muchas escenas lleva también a una inconsistencia en la historia.
Pasando a lo menos logrado, tenemos la forma en la que se tratan los temas. Hay componentes muy fuertes como la crisis social y laboral en una Argentina de principio de siglo, la sexualidad, la misoginia y el edadismo. Es un coctel fuerte que nunca llegamos a probar. Se tocan los temas por encima, mayormente utilizando alusiones que no parecen modificar en nada a la protagonista.
En segundo lugar, las actuaciones son correctas, pero los personajes secundarios están poco delineados. El mayor interés que construimos por los otros se lo lleva el hijo de Romina, que ante la primera dificultad se desdibuja como si fuera un problema más de la protagonista.
En el caso de la dueña de la agencia de promotoras pasa lo contrario, todo el interés se construye sobre los hombros del carisma de la actriz y no sobre una caracterización sólida. Era un personaje muy interesante de explorar, pero también quedó difuso.
En conclusión, Romina Smile es un estreno para los abocados a la crítica social sin sobresaltos.
4/10