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Review: Las voces de Pablo

¿Quién es verdaderamente el padre? O la madre, o la pareja, o una misma. Una pregunta que leo en un puñado de buenas películas de un tiempo a esta parte y que me está empezando a obsesionar. Con Las voces de Pablo, el director Gonzalo Murúa Losada se suma a esta obsesión desde un punto de vista visceral, no desde la simple curiosidad sino acicateado por la necesidad de descubrir una versión otra a partir de la herida.

Pero vamos por partes: el Pablo del título es el padre fallecido, al que Gonzalo busca conocer más allá de su propia experiencia. Casi desde el principio de la película sabemos que el último mail de Pablo dirigido a su hijo fue furibundo e hiriente. El recorrido del documental busca la ruptura de esa figura monolítica y terrible para encontrar otros relatos que —como el collage de fotos proyectado sobre el cuerpo de Gonzalo—, también constituyeron al padre (y por ende, a él mismo).

El punto de partida de estos otros relatos son unos cuentos inéditos encontrados en un cajón. Así se empieza a entrever al Pablo escritor, y tirando de ese hilo surgen otros: el enamorado del cine, el padre amoroso que quiso seguir a su vez el modelo familiar, el hijo de Lautaro Murúa —gloria del cine nacional y padre desapegado— , el hermano y el primo compinche, el esposo enamorado y violento, el obsesivo y el padeciente.

Y si para quienes convivimos en la infancia con una persona con problemas de salud mental es difícil pensar en ella fuera de su padecer o de las heridas que nos dejó, amigues, aquí está el arte. Las voces de Pablo es un ejercicio lúcido y sensible para intentar ir más allá, cosa que no se plasma únicamente en el guión sino también en las imágenes. De este modo, vemos que reflejado en espejos y cristales siempre está en plano Gonzalo mismo, haciéndose cargo de esas preguntas y de esas nuevas construcciones de sentido.

Otros recursos que enriquecen visual y simbólicamente el documental son las animaciones, el escenario teatral —piso negro y reflector iluminando la cama y la mesa de luz—, los mails proyectados sobre el cuerpo de Gonzalo, una voz en off que le pone carnadura a Pablo y el televisor que trae de vuelta a Pablo y Lautaro en Cuarteles de invierno (1984) y más.

Emparentado quizás con el documental El silencio es un cuerpo que cae (2017) por su búsqueda de otras facetas del padre —aunque en otras circunstancias y partiendo desde un recuerdo mucho menos amable—, Las voces de Pablo se gana un lugar propio en el conjunto de excelentes documentales argentinos que se están estrenando últimamente y también, en mi obsesión por el vínculo entre la subjetividad y la ficción.

 

10/10

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