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Review: Animal

Animal es el segundo largometraje de Sofía Exarchou, la directora y guionista griega que se mandó la inclasificable Park (2016) y llega ahora, sin alejarse demasiado de ese espíritu, para mostrarnos el lado B de los resorts all inclusive desde el punto de vista del personal de animación. ¿Cómo es la vida cuando el trabajo consiste en mantener alegres y entretenidos a los otros? Las pistas se brindan desde el comienzo.

El título se degrada hasta perder la L final: anima parece decir, no dejes de animar. Pero también la conversión podría ser de animal con un cuerpo, a un ánima. Asimismo, las imágenes iniciales muestran cuerpos a los que los planos les cortan las caras. Son cuerpos luchando, un cuerpo tenso sostenido en el aire por las manos que se desplazan en la arena de la playa, un cuerpo al lado de una pecera, separado de la mano que empuña el palo que remueve a los peces.

El trabajo de animación se hace con el cuerpo y Animal lo pone en primer plano. Pero todos los cuerpos no son iguales y la peli nos hará seguir principalmente a Kalia (Dimitra Vlagopoulou), líder veterana del grupo que lleva diez años en el asunto. Ella dirá en un momento, en el camarín poniéndose el vestuario, como al pasar: «No tengo sueños. Me siento vacía”. Y ese comentario se pondrá en juego en cada momento de desposesión hasta de su propio cuerpo y deseos.

Los animadores bailarán, cantarán, se vestirán y maquillarán para entretener a los huéspedes. Pero para las mujeres del grupo, complacer al otro desdibuja los límites de la sexualidad plenamente consentida y deseada: todo el tiempo los fuera de escena y la cámara sobre Eva (Flomaria Papadaki), la adolescente que huyó de su casa y está trabajando por primera vez en el Hotel Mirage, plantean el peligro del abuso.

Porque para aguantar el ritmo y acallar cualquier otro sentimiento que no sea alegría —quién iba a decir que esta reseña iba a tener un featuring de Intensamente (2015)—, es fundamental beber alcohol. Y todas las amenazas y males se acumulan con el paso del tiempo y dejan marcas, laceraciones y cicatrices en el cuerpo de Kalia. Por eso, la imagen final, esa mirada detrás del hombro de Eva cantando es tan incómoda como bella.

Eva tiene por delante lo que Kalia deja atrás: un trabajo que la ha ido vaciando de sueños y le ha dejado marcas, aunque hacia afuera se proyecten glamourosos el brillo de la piel bronceada del verano, las luces como lentejuelas y las plumas de la boa. Y la canción de Baccara “Yes Sir, I Can Boogie” que se carga de sentidos con cada repetición. Un trabajo delicadísimo de directora, actrices y la cámara de Monika Lenczewska. Háganse un favor y vayan a verla.

 

10/10

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