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Review: Miranda: de viernes a lunes

 Miranda, de viernes a lunes tiene un título descriptivo: la película nos relata el fin de semana de una profesora, el tiempo de supuesto ocio una vez cumplida con la semana laboral. Sin embargo, como veremos, para una mujer en sus cuarenta el ocio es apenas dejar de ir al lugar de trabajo. Todavía tiene que ocuparse de la casa, las hijas, los padres mayores, el exmarido, el novio, el grupo de adictas al cigarrillo y las repercusiones de lo que pasó en el laburo.

Tareas de cuidado y doble o triple jornada laboral, ¿quién las conoce? María Victoria Menis, evidentemente. La directora y guionista pone el foco en Miranda (Inés Estévez), tocada emocionalmente por algo que acaba de suceder en el colegio: las estudiantes del último año, en su discurso de graduación, denunciaron los acosos que sufridos en él —como se aclara al comienzo, esto se basa en los hechos de 2016 (y en Nacional Buenos Aires)—.

Pero claro, ese suceso no es algo que queda guardado en una cajita hasta al lunes, sino que se vuelve prisma a través del cual se piensa el resto de la cotidianidad, por ejemplo la maternidad. A Miranda le resulta más transparente a la vista la valentía de sus estudiantes al denunciar, que la de sus hijas de perseguir sus sueños y buscar su autonomía. Y este encadenamiento se afectaciones continúa en la exploración de los propios deseos.

En Miranda el deseo de cantar nunca se fue, quedó tapado por las obligaciones y ahora, con la re-vuelta íntima que implica ver a los jóvenes feminismos en acción —yo te cuelo una cita a Kristeva porque pa qué me invitan si no— se revisita y se explora. No para llenar estadios, sino para conectar con el disfrute y les amigues. El relato de Miranda, de viernes a lunes incorpora ese proceso a través de la banda de la adolescencia que aparece compartiendo el presente y no como flasback.

La música le quita solemnidad a un relato que podría fácilmente caer en ella pero no lo hace. Por el contrario, se mueve entre lo amargo y lo dulce de la vida. En este sentido, destaco dos escenas —hay muchas más muy significativas—. En primer lugar, la charla con La Prieto, la madre (una exquisita Elvira Oneto), quien le abre los ojos sobre su tendencia a valorar el trabajo del padre, un cineasta con alzhéimer (Ricardo Merkin) por sobre el de ella, menos artístico y más invisibilizado.

El segundo lugar, el ex marido (Diego de Paula) pidiéndole volver para compensar ese tiempo en que no la acompañó lo suficiente en la crianza de las hijas (Luciana Grasso y Laura Grandinetti); en particular de la más grande, con retraso madurativo. En fin, como resumen, me quedo corta pero como muestra, espero que sea suficiente para que aprovechen a verla en el cine —es más barato que la terapia y también te deja pensando—.

7/10

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