“Esta película es como el tercer disco de Don Cornelio” dijo el guitarrista Alejandro Varela sobre Cenizas y diamantes. Y es que la banda de culto Don Cornelio y la Zona dejó dos discos de estudio hacia finales de los ochenta y, como una cápsula del tiempo, vuelve a hacerse presente entre materiales de archivo y reuniones actualizadas, más allá de quienes siguen poniendo sus cds o le siguen dando reproducciones en las plataformas.
El documental de Ricky Piterbarg (Venimos de muy lejos, Ikigai) suma además esa mística y leyendas que quienes vimos en vivo a Los Visitantes pero no a Donco (imprescindible escuchar Hey Donco, ese gran disco tributo) y que vimos el proceso de cambio de los noventa, consumimos con avidez, como las historias del Parakultural o del café Einstein. Algo de eso hay en la muerte del director original, Roly Rauwolf y por supuesto en la de Palo Pandolfo antes de que el proyecto viera la luz.
Pero además de la mística y la vuelta al espíritu de los ochenta donde parecía que nada podría amenazar esa libertad —el monstruo se estaba incubando dentro mismo de esa recién recuperada democracia—, Cenizas y diamantes trae al presente a los ex Donco Varela y Fernández y al bajista Ghazarossian, el saxofonista Colombo, el trompetista Iskowitz y el tecladista Gorostegui Delhom mostrándonos más una celebración que un encuentro nostálgico.
En este sentido el documental no se sostiene en las clásicas entrevistas con el plano del torso y el foco en la construcción de una cronología para entregar un documento aséptico; la búsqueda pasa por otro lado, por contagiar y traer algo de esas épocas y de Don Cornelio, esa banda que supo estar en el podio del under a fuerza de mezclar artes y significantes con una música oscura y letras poéticas.
No olvidemos que Cenizas y diamantes, el documental que estrenó en el BAFICI y ahora llega a las salas comerciales, se titula como la canción homónima de Donco, a su vez influida por la película polaca de 1958. Tampoco olvidemos que la fotografía y la plástica de la mano de Nessy Cohen, autor de las tapas de los dos discos de Cornelio siempre estuvieron presentes y que el mismo Palo luego formaría parte de Verbonautas, aquel mítico colectivo mutante.
Así que la invitación es a sumergirse en los ochenta y en el espíritu de la libertad bien entendida, con el arte y la cultura como parte de la cotidianidad. Larga vida a Donco!
8/10