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Review: El llanto

El llanto (2024) se estrena comercialmente en Argentina un mes después que en España; y es que se trata de una coproducción de estos dos países junto con Francia. Dirigida por el debutante Pedro Martín-Calero y coescrita con Isabel Peña, la película indaga en el género en sus dos acepciones. ¿Cómo? Por un lado se trata de un film de terror y drama sobrenatural, y por otro lado se construye como una metáfora en la que sólo las mujeres pueden ver al monstruo y sentir sus efectos.

La trama inicia con una chica de fiesta, quien parece tener un ataque epiléptico que hace que se golpee contra la barra del boliche. Después de esta escena aparentemente inconexa, seguimos la historia de Laura (Ester Expósito), una estudiante universitaria que comienza a escuchar un llanto femenino y a ver, a través de dispositivos tecnológicos, que un hombre la acecha. Su historia se corta y comienza el segundo capítulo.

En este capítulo, “Camila” (Malena Villa), pasamos de la España contemporánea hacia Argentina en los noventa. La protagonista estudia cine en La Plata y se vincula con una chica de origen francés, rondando a la cual verá con su cámara, al mismo hombre que perseguía a Laura. Con “Marie” (Mathilde Ollivier), la francesa del tercer capítulo, se revive y dota de nuevo sentido la escena inicial. Un hilo rojo las une, pero no el del amor, sino el de terminar igual.

En este sentido, la metáfora se abre a múltiples lecturas, siendo la más inquietante la de la vulnerabilidad como experiencia estructurante femenina compartida, más allá de la época, el país, la clase y la orientación sexual. El director la construye hábilmente con el fuera de campo y la profundidad de campo —y que hacen del horror sutil algo que se instala en la garganta, como en la escena de charla por Skype entre Laura y su novio—.

Asimismo, la banda sonora de Olivier Arson, al igual que el llanto como elemento perturbador —en lugar de los sonidos fuertes o música de “terror” que marcan cuándo asustarse— complementan la construcción de ese terror opresivo, cotidiano y contemporáneo, más cercano a lo conocido que a las leyendas antiguas; o bien, más cercano a las leyendas urbanas que son, en definitiva, metáforas disciplinadoras.

Lo mismo puede decirse de la tecnología como recurso: sólo a través de ella, de la desnaturalización de lo que vemos, se puede observar más allá. Con este combo podemos decir que el filme está muy bien construido, el terror es genuino y desesperanzador. El clima, la ambientación y las actuaciones son sobresalientes y el planteo narrativo es audaz. Ahora bien, quizás El llanto deje en ascuas a algunos espectadores en búsqueda de historias conclusivas cerradas y tramas explicativas. Pero es arte, viejo, a todos no nos gusta lo mismo.

9/10

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