Inscripta dentro del género dramático y de las películas sobre espiritualidad, aparece La forja. Dirigida por Alex Kendrick, protagonizada por Aspen Kennedy, Cameron Arnett, Priscilla Shirer, entre otros.
Un año después de terminar sus estudios Isaiah Wright se encuentra perdido y sin poder mantener sus promesas ni controlar sus emociones. Al conocer de casualidad a un empresario exitoso enmarca su vida en lo que se esperaba de él mediante el trabajo y la religión.

Empezando por el único punto positivo, la actuación de Aspen Kennedy es destacable. Su rango actoral prueba que puede mostrar vulnerabilidad e ira contenida de una forma muy orgánica. Eso sumado a que logra buenas escenas con diálogos bastante difíciles de llevar.
Pasando a los aspectos menos logrados, el arco de ninguno de los protagonistas es demasiado profundo. Las historias son conmovedoras en lo particular, pero conforme avanza la acción no hay lugar para una visión compleja de las cosas. Todos son mostrados como villanos unidimensionales hasta que de un momento al otro se convierten en héroes unidimensionales.
No me resulta interesante la discusión en el cine acerca de lo que está bien y lo que está mal en términos morales, pero en este caso es importante porque ni siquiera se respeta la propia ideología que se propone. Hay mucho tiempo ocupado en hablar de la bondad y la abnegación, y luego los personajes accionan solo en beneficio propio. No es un mal camino narrativo para tomar conscientemente, pero no pareciera ser el caso.
En otras falencias encontramos que se desaprovecha un buen tratamiento a muchas temáticas sensibles: el abandono de un hijo, la búsqueda de la identidad y el duelo. Todas perfectamente abarcables desde una perspectiva religiosa, pero por alguna razón fueron llevadas a la práctica como si se tratara de un esquema Ponzi.
En conclusión, La forja no me parece una buena opción para los públicos a los que apunta. Los que busquen un drama se van a quedar a medias, los creyentes probablemente se van a sentir incómodos.
2/10