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Review: Los caminantes de la calle

Después de su participación en el BAFICI 2026, Los caminantes de la calle se podrá ver en las salas comerciales. Se trata de un thriller policial ambientado en la provincia de Mendoza, que abre una mirilla al mundo de la inmigración china en el país y en particular, al submundo de la mafia. Dirigida por Juan Martín Hsu, quien ya nos retrató algunos fragmentos de esa nueva inmigración en La Salada (2014), la historia se basa en hechos reales.

A partir de una noticia que Hsu lee en el periódico sobre una investigación del accionar de la mafia china a través de escuchas ―que tendrán que ser necesariamente traducidas e interpretadas―, el director trabaja la escritura junto con Marcelo Pitrola (también detrás de la escritura con Martín Turnes de El agrónomo, de 2024). Este punto sellará la indagación en el lenguaje como cultura y pensamiento y la imposibilidad de la traducción completa.

Con ese enigma de fondo, la trama avanza, parsimoniosa, a la par de la investigación fiscal de Diana Belenguer (Victoria Almeida). Cuando la traductora toma contacto con el material, renuncia porque, dice, tiene familia. La fiscal se defiende con el mandarín, pero no así con el cantonés, de modo que deben colaborar con un oficial enviado por China (Chien Min Lee), quien será un mediador en este juego de trasvases de lenguajes y mundos.

En este sentido, resulta interesante tomar nota del proceso de realización que comenta Hsu: a partir de un guion boceto, el trabajo con una mayoría de actores no profesionales, permitió imprimir un tono minimalista de expresión ―al que Almeida se adapta perfectamente― y escribir sobre la marcha algunas acciones y diálogos de los personajes.

Así, en una primera escena, vemos el interior de un restaurante a la hora de cierre. Sólo queda la familia cenando con una película hongkonesa clásica de fondo; y en ese momento suena el teléfono. Del otro lado de la línea piden un dinero para proteger al negocio y a sus dueños: no es una oferta, es una amenaza. Pagar significa someterse a la arbitrariedad recaudatoria del capo, pero también convertirse en pieza de disputa con el clan rival.

La mirada sigue siendo escueta en cuanto al interior de esos personajes: vemos el enamoramiento y el intento de escapar con una víctima de trata de uno de los integrantes del clan, al jefe en una escena cotidiana con su hija y dando órdenes terribles, pero pareciera que no hay forma de entrarles. Hay algo insondable en los personajes, algo que el lenguaje no puede revelar y que apenas parece chispear entre la fiscal y el oficial. Vale la pena espiar por la mirilla de Los caminantes de la calle.

7/10

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