Cargando...
Reviews

Review: Emi

Ezequiel Erriquez Mena (La crecida, 2023), nos mete, con su nueva película Emi, en un relato íntimo que explora la identidad como una construcción en proceso. La cámara sigue pegada al protagonista, Emiliano (Benicio Mutti Spinetta), un joven de dieciocho años que tiene su primer trabajo con un mecánico de motos en el conurbano. Cuando termina su labor, todos los días vuelve a su casa a través de la autopista en su motito.

Los planos de esos viajes, que se repiten, codifican la introspección del joven y el procesamiento de lo vivido en un lado y otro, el pasaje de un mundo a otro y, posiblemente, el puente entre ellos. Es que el espacio de trabajo ―en el que se encuentra no sólo con su jefe (Alejandro Scaravelli) sino también con la suegra (Miriam Odorico) y la hija (Sofía Palomino) de éste―, contrasta con el espacio más acomodado del chalet.

Allí vive con sus padres (Mara Bestelli y Luis Ziembrowski) y allí recibe a su novio, con el único con quien habla un poco más abiertamente del proceso de búsqueda secreta de la familia biológica que lo dio en adopción. Los diálogos cortos, pero sobre todo los silencios, dan cuenta de la confusión emocional que implica una construcción identitaria cuando hay muchas preguntas pendientes.

A diferencia de otros relatos, que colocan el punto más alto en el descubrimiento de la adopción, Emi se despega de este dramatismo artificioso y muestra de entrada que la voluntad de compartir la información con el hijo siempre estuvo. La búsqueda pasa por otro lado: por lo sutil, la interioridad, la necesidad de contrastar la narrativa, los temores que igual acompañan estos procesos.

En este sentido, las actuaciones son exquisitas: la mirada con lupa sobre la cotidianidad nunca se encuentra con excesos o manierismos; son medidas y sutiles, y logran transmitir la interioridad que no se expresa en los diálogos; sin embargo, los momentos de desborde emocional son orgánicos y bien regulados. La fotografía y la iluminación suman a la construcción de esos espacios distintos donde Emi es el mismo, pero a la vez, se ve afectado de manera distinta.

En suma, Emi es una obra pequeña e íntima, como el título mismo sugiere. Su construcción es una delicadeza que se disfruta desde lo visual y va amasando por debajo todo lo que no se dice: un proceso complejo de reconfiguración identitaria que tiene que ver no sólo con descubrirse parte, quizás de otro linaje, sino también del pasaje de la niñez a la adultez, y de la apertura de un espacio liminal entre mundos.

9/10

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *