El guardián: último refugio encuentra a Jason Statham haciendo lo que el público espera de él, un héroe de acción. Sin embargo, la dirección de Ric Roman Waugh y el guion de Ward Parry, habilitan otros matices para la actuación del protagonista, quien encarna a Michael Mason, un ex agente de los servicios secretos británicos que ahora deberá enfrentarse a esa misma institución, que lo quiere hacer boleta.
Pero vayamos al principio: Mason es un hombre que vive en una pequeña isla de las Hébridas, en un faro fuera de servicio. Periódicamente recibe provisiones desde el continente, que le traen en barco un hombre y su sobrina. En esas ocasiones, la niña Jesse (Bodhi Rae Breathnach) insiste en vincularse con él, llevándole regalitos y siendo amable, pero Mason es hosco y taciturno.

Todo cambia cuando Jesse queda varada y herida en la isla, al cuidado de Mason, quien en un primer momento se niega a llevarla a un hospital y en cambio, y a modo de último recurso, va solo al continente a comprar lo necesario para curarla. Hasta ahí pareciera que la secuestró y la situación es turbia. La actuación de Statham permite esa ambigüedad que se agradece en una película de acción, donde el desarrollo de personajes suele ser pobre.
Al ser captado por una cámara, se activa el reconocimiento facial y salta una alarma en la central de inteligencia. Y acá comienza la acción pura y dura, porque aparentemente es un terrorista con pedido de captura. Con el tiempo (no mucho), sabremos que en realidad se trata de una movida interna del director saliente de la institución, ya que Mason estuvo a su cargo y no mató a quien debía matar (alguien con quien había colaborado).
A partir de aquí queda claro que no habrá sorpresas estructurales. El interés está en cómo se ejecuta la fórmula, no busca reinventarla. Y en este punto colaboran esa primera parte de mayor profundización emocional del personaje, el vínculo con la niña ―tampoco tan compleja e interesante como la de León y Mathilda en El perfecto asesino (Besson, 1994)― y la tecnología de reconocimiento facial.
¿Podría tener más vueltas de rosca? Seguramente. El reconocimiento facial se está usando en el mundo y en Argentina no con agentes secretos sino con personas comunes que van a marchas o militan, por ejemplo. Pero bueno, ésta es una película que requiere justificar las patadas del protagonista o su manejo de armas y de estrategia, y la vuelta viene por el agente secreto arrepentido que se vuelve sensible: lo dicho, no reinventa el género pero lo cumple y entretiene.
6/10