El testimonio de Ann Lee, dirigida por la noruega Mona Fastvold (The world to come, 2020 y The Sleepwalker, 2014), es un drama musical que trabaja el territorio de la fe entendida como experiencia física y política antes que espiritual. La película recupera la figura histórica de la fundadora de los “shakers” o la Sociedad Unida de Creyentes en la Segunda Aparición de Cristo, un grupo religioso cuya adoración a dios incluía danza y canto.
Ambientada a finales del siglo XVIII, la película cuenta la historia de Ann Lee (Amanda Seyfried) una mujer de extracción social baja de Manchester que se ve impresionada por las prédicas no ortodoxas, que critican que la iglesia no les habla a los trabajadores ni a los pobres. Pero también, con ciertas experiencias de la feminidad: el sexo como un imperativo de los varones y como origen de hijos de morirán.

Después de pasar un tiempo la prisión por predicar, Ann Lee declara que ha tenido una visión y que dios le ha dicho que cree una comunidad. Ella será la segunda venida de cristo, porque si dios es todo, también es mujer. Además de tomar el trabajo cotidiano como espacio de adoración y el movimiento y los sonidos extáticos (de ahí el nombre de “sacudidos”), también lo será el celibato. Entonces, el pequeño grupo parte hacia las colonias, lugar donde parece que existe la libertad necesaria.
Se nos muestran las peripecias del viaje en barco, el choque ideológico de la venta esclavos, la búsqueda de tierras donde afincarse, los viajes de prédica, la construcción de las casas comunitarias, el vínculo con los nativos, la violencia de las milicias de pueblos cercanos … En este sentido, el relato avanza con calma y minuciosidad; pareciera que más que narrar hechos buscara registrar una forma de vida, la creación de un grupo religioso, de una comunidad y su día a día.
Esto es un acierto para desplegar lo que se quiere mostrar y una incomodidad para los espectadores acostumbrados a ciertas convenciones del cine. ¿Cuál es la hipótesis? ¿La incomprensión que se traduce en violencia a grupos con valores distintos? ¿Las capas de sentido y experiencia que forman esos valores? ¿El componente mayormente corporal de los valores? Muchas posibilidades abiertas; nada cerrado.
Con una actuación extraordinaria de Seyfried, El testimonio de Ann Lee es un film que muestra la religiosidad desde un punto de vista cotidiano, corporal y femenino. Genera una distancia reflexiva, que incluye las canciones y la danza en la observación del fenómeno. Estéticamente impecable y narrativamente incómoda.
7/10