Luego de secarme las lágrimas y reflexionar un poco creo que ya es momento de hablar un poco sobre “Un Amor Incompleto”, un drama belga-frances que aborda temas como la paternidad, el derecho y respeto, junto con la perseverancia y si se quiere decir “la suerte del destino”.
SINOPSIS: Jay, un taxista francés en Tokio que lleva nueve años buscando a su hija Lily, a quien no ha visto desde su divorcio. Justo cuando está a punto de rendirse y volver a Francia, Lily sube inesperadamente a su taxi, ofreciéndole una última oportunidad de reconectar, aunque ella no lo reconoce.

El título ya dice bastante sobre la trama, algo distinto a lo que hemos visto en este tipo de películas dónde un padre y un hijo que quieren reconectar, un tema sensible pero que expresa más con gestos que con palabras. La trama de desarrolla bien, de una manera muy tranquila vamos conociendo a los protagonistas y las causas que derivaron al punto donde se encuentra el protagonista principal, cada acto que sucede en el presente ayuda a explicar un acto del pasado, donde conoceremos a través de diálogos que nos llevo a donde estamos en el presenta del film, una manera de narrar muy sutil y completa, que no recurre a recursos más comunes (por ejemplo, los flashbacks), una forma bastante inusual de hacerlo pero que funciona sin duda alguna.
Vamos a centrarnos solo en el protagonista principal, su «compañera» y su hija. Teniendo a Romain Duris encabezando el elenco como Jay podemos hablar bastante, un personaje que comienza como misterioso y con el transcurso de la cinta se va abriendo y desenvolviendo, por lo que podemos conocerlo poco a poco, además tenemos que admitir que realiza un trabajo actoral fantástico, puesto que transmite muy bien sus sentimientos al espectador, similar a Mei Cirne-Masuki, quién da vida a Lily, dejando en evidencia su gran trabajo en esta cinta en el tercer acto, donde la vemos protagonizar escenas conmovedoras y expresar sus emociones de una manera tan fluida y profunda que igual que Romain, transmite a la perfección el sentimiento del personaje al espectador. También tenemos a Judith Chemla en el papel de Jessica, un personaje que comparte una historia muy similar a la de Jay y que termina por convertirse en un personaje de apoyo mutuo, un elemento que ayuda a desarrollar la historia y al protagonista principal.
La película tiene alguna que otra cosa que falla, un ejemplo serían algunos finales inconclusos que quedan a la deriva, por partes se siente una lentitud en el primer acto, que si bien se podría justificar con el hecho de que va a tiempo con la presentación y desarrollo de Jay, siento que tarda un poco en sentar las bases de la historia y saber donde estamos posicionados. Aún así, teniendo varios temas que se podrían mejorar, la película cumple y se puede calificar como decente, es profunda, reflexiva y lleva consigo un juego de emociones mixtas, desde la felicidad hasta el enojo, y desde el temor hasta la tristeza, su escena final es muy completa y aunque tiene un desenlace agridulce, se puede tomar con pinzas como un «final feliz», después de todo, esa conexión sigue existiendo.
7,5/10.