El 13 de marzo se estrena Las brigadistas, un documental argentino dirigido por Juan Pablo Lepore. La película sigue a un grupo de estudiantes y graduadas de medicina y otras profesiones vinculadas que, con la logística de algunas organizaciones sociales, viajan al Chaco Salteño para brindar asistencia sanitaria a comunidades originarias. El documental pone al descubierto la manera en que el extractivismo capitalista crea el problema y por supuesto, nunca la solución —a menos que algo pueda venderse—.
La preocupación no es nueva para el director, quien ya ha presentado Sin patrón, una revolución permanente (2014) y La Jugada del Peón, el agronegocio letal (2015). Y en esta ocasión denuncia la alianza del agronegocio y la política y la forma de complicidad que encuentra en la discriminación. Pero también señala el impacto positivo de la organización comunitaria y social para enfrentar los problemas que a esta altura parecen endémicos.
La desnutrición infantil, la contaminación por agrotóxicos, la falta de vacunas y de acceso en general a la salud, la educación y el trabajo no son “producto de la cultura” de estas poblaciones, sino del despojo de tierras que la soja y otros negocios necesitan. Con una narrativa intimista y sin estruendos, la cámara subjetiva del director acompaña desde las búsquedas de noticias en internet sobre la zona hasta el día a día de la brigada.
El golpe bajo no está construido y sin embargo aflora porque la cotidianidad de esta gente es descorazonadora: dan cuenta de eso los testimonios de madres que beben y dan a sus hijos agua contaminada a sabiendas, porque es la única que hay, porque las empresas y el gobierno entuban y desvían el agua y luego les cobran por esa misma agua en bidones de agrotóxicos reutilizados y porque no hay gotitas de lavandina ni hervores que quiten esos químicos.
En la exhibición de prensa a la que fui una persona salió muy indignada con los médicos de los hospitales de la capital, quienes muchas veces no internan a los pacientes de las comunidades. Proponía la denuncia a esos médicos como solución, en un intento de apagar esa incomodidad dolorosa a la que acababa de abrir los ojos. Sin embargo, el documental no pone el foco en esos eslabones últimos sino en los más grandes.
Y paralelamente, Las brigadistas habla de la solidaridad desde abajo, que no es solución definitiva para los problemas estructurales pero conoce el territorio y sabe cómo hacer llegar la ayuda a quienes la necesitan. Es un documental durísimo porque es una realidad durísima que tenemos que conocer. Y, así como los títulos finales se proyectan sobre las imágenes, saber que se trata de una tarea a continuar.
8/10