Mr. Blake a sus órdenes es una comedia liviana que entretiene a través del humor inocente y la ternura. No mucho más —pero tampoco nada menos—. La primera escena presenta a Andrew Blake (John Malcovich) faltando a un evento en el que lo premiarán por su labor empresaria. Por el contrario, él elige alejarse de su vida y de Inglaterra para viajar a la campiña francesa, al castillo donde conoció a su recién fallecida esposa.

Allí encontrará que el lugar está en decadencia, regenteado a duras penas por la viuda Beauvillier (Fanny Ardant) y el ama de llaves Odile (Émilie Dequenne). Por error asumen que ha venido por el puesto de mayordomo y se queda en esa posición, puesto que el alojamiento no está recibiendo huéspedes por el momento. A partir de este equívoco se producen una serie de gags que la verdad que no causan mucha gracia.
Malkovich actúa que da calambre, ya lo sabemos, y hace bien cualquier papel. El empresario inglés que se tiene que hacer pasar por mayordomo y que habla un muy buen francés porque su esposa era francesa, le sale genial. Ahora sí: el dejo pedante del personaje, se lo debemos al guion. Se trata de un tipo que le explica al ama de llaves cómo ordenar las cosas en la cocina, a la joven ayudante cómo vincularse con su novio y al casero cómo tratar al ama de llaves.
Obviamente a la dueña también le intenta explicar que su afición a los concursos es una pérdida de tiempo, cosa que quizás le enseñe algo a él también, pero el guion aplana esos posibles momentos de reflexión en pos de mostrar a un sabelotodo que apenas cambia de estrategia para salirse con la suya.
Y aquí es necesario mencionar que el guion y la dirección están a cargo de Gilles Legardinier, un novelista que debuta detrás de cámaras con esta película. Así, Mr. Blake a sus órdenes, que cuenta con personajes interesantes, buenas actuaciones y un paisaje idílico se convierte en una obra entretenida pero un poco pesada y despareja en cuanto al tono y al ritmo.
De las casi dos horas que dura, se presenta a Blake en pocos segundos, mientras casi hora y media es una seguidilla de secuencias que no constituyen ningún punto de giro. La última media hora se apura a resolver cosas y acelera el ritmo, rayando el tono absurdo por momentos y la previsibilidad en otros. Pero también resalto: John Malcovich protagoniza a sus más de 70 años y no decepciona.
6/10