Review: Guerra de papas 2

Guerra de papás 2

The Times They Are A-Changin” es el título de la canción de Bob Dylan y bien podría servir como tagline para la nueva película producida por Adam McCay, director de grandes comedias como las dos Anchorman protagonizadas por Will FerrellGuerra de papás 2 se presenta como una de esas comedias convencionales que se estrenan en épocas navideñas, pero en realidad es sólo una excusa para trabajar las relaciones de todos los personajes, en especial la de los dos protagonistas con sus padres. Uno de los grandes aciertos del director Sean Anders es dejar que Mel Gibson y John Lithgow jueguen con el material, que se rían de todo lo que ocurra sin que esto opaque al ya mencionado Will Ferrell y a Mark Wahlberg. De los cuatro el que más le saca jugo a las situaciones es Mel Gibson, ya que pone todo su carisma para hacer partícipe al público de lo que ocurre, aunque esto posiblemente tenga que ver con otro de los grandes aciertos de esta comedia.

Guerra de papas 2 (Daddy’s Home 2, 2017) es una declaración sobre cómo la Navidad ya no debe verse como una festividad religiosa sino como una época de unión, de dejar las diferencias de lado para compartir un buen tiempo. En una de las grandes escenas de esta secuela todos los personajes hacen una representación en un pesebre y en vez de mostrarse como una familia perfecta terminan saliendo todos los trapitos al sol. Esta tal vez sea la escena que mejor representa el mensaje de la película; y que tenga a Mel Gibson, un actor que está asociado con la derecha más extrema, lo vuelve aún más delirante. El director es consciente de eso y lo explota en varias otras secuencias que causan mucha gracia y hacen quererlo aún más al actor australiano.

También la película no se decanta por tener un conflicto principal, sino que hay varias subtramas, algunas que son resueltas de manera delirante. Lo que más predomina es la improvisación, el inventar escenas para que los actores saquen a relucir lo mejor de ellos, algo que ya aparecía en la secuela de Anchorman. Aunque no llega al nivel de locura, sí hay varios momentos que rompen con lo tradicional que se espera de una película para toda la familia.

Lo cierto es que lo mejor de esta secuela trata justamente de eso, de usar el humor para decir que las cosas cambiaron, para usar subgéneros que han dado obras conservadoras y darles la vuelta para amoldarlas a los nuevos tiempos.

Review: Victoria y Abdul

Hay dos cosas buenas que mantienen la atención en esta nueva película del director Stephen Frears (responsable de Alta fidelidad, Philomena, entre otras). Las dos son establecidas en el prólogo y continúan durante el resto de la historia.

En aquel comienzo se establece cómo va a ser la relación entre los dos personajes principales. No importa cuán bien se lleven los protagonistas, ni cuánto se respeten, o se quieran y se entiendan, la reina siempre va a ser más importante que un indio/musulmán, algo que se confirma en los títulos donde aparece el nombre en árabe del protagonista masculino y luego en ingles el de ella, razón por la que esta película funciona.

Judi Dench es una gran actriz con una larga y exitosa trayectoria con títulos como Chocolat (2000), Shakespeare in love (1999), y las últimas películas de la saga de James Bond. Ella logra transmitir todas las emociones de su personaje y es quien opaca a los demás actores que cumplen convincentemente su función dentro de esta historia. Eso mismo parece entender su director, que en más de una ocasión, confía lo suficiente en ella como para dejar que sostenga el plano por si sola.

Victoria y Abdul

Lo interesante del personaje de Ali Fazal como Abdul es que a simple vista es un personaje mucho más superficial que el de Judi Dench pero el guion, a cargo de Lee Hall, se encarga de darle una personalidad ambigua, ¿todo lo que hace es por cariño a ella o tiene una agenda secreta?

El resto de la película es una comedia simpática/boba con chistes que el director tiene que explicar y cuyos dardos van más hacia la cultura árabe/india que a la británica. Resulta llamativo que dentro de este contexto haya una escena en que uno de los personajes musulmanes tenga un diálogo en que profetice el odio de de este pais a Inglaterra.

Stephen Frears utiliza esta película simpática para hablar de muchas cosas que ocurren hoy en día en el mundo y en relación con estos dos países, porque entiende que el cine de entretenimiento es campo para insertar ideas sobre la sociedad y los problemas que acarrean y se callan.