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Review: Star Wars: El Ascenso de Skywalker

Cuarenta y dos años pasaron desde el día en que George Lucas dio a conocer al mundo la space ópera que tiempo más tarde se convertiría en la saga cinematográfica de ciencia ficción transgeneracional más importante de la historia. Tras esa innovadora primera trilogía que comenzó en 1977 y continúo luego en 1999 con la tan cuestionada trilogía de precuelas dirigidas por Lucas, nadie hubiera creído que la historia de la familia Skywalker sería llevada nuevamente al cine de la mano de nada menos que el imperio Disney. Con cambios en la estética, el humor, nuevos protagonistas que respondían a las demandas de mayor inclusión en la ficción y el entrañable trío de Luke, Leia y Han Solo otra vez reunidos, la última aventura espacial tenía como misión volver a introducir a los espectadores en la eterna lucha entre el bien y el mal sin perder la esencia de la saga, pero creando una identidad propia a base de un relato fresco, verosímil y a todas luces coherente. En este sentido, los resultados no estuvieron a la altura. Star Wars: El Ascenso de Skywalker representa no solo la conclusión de una trilogía bastante desarticulada sino el decepcionante final de un culto que supo marcar a fuego para siempre nuestra cultura pop.

Uno de los problemas más notables de Episodio IX es la falta de conexión con su antecesora, la polémica Star Wars: Los Últimos Jedi dirigida por Rian Johnson. En el último film, J.J. Abrams propone una secuela de lo que había iniciado con Star Wars: El Despertar de la Fuerza, desterrando del universo cualquier hipótesis deslizada en el octavo episodio. Del mismo modo que Johnson decidió darle a la saga su propia visión sin tener en cuenta que debía mantener una cohesión con el inicio de la tercera trilogía y, sobre todo, respeto y coherencia con los personajes y la mitología creada por Lucas hace más de cuarenta años, Abrams a cada paso se encarga de aclarar que lo ocurrido en Los Últimos Jedi debe ser dejado atrás si se quiere disfrutar de este final. Algo que resulta bastante difícil.

El segundo y quizá mayor defecto del filme tiene que ver con el guion escrito por Abrams junto a Chris Terrio (guionista de Batman v Superman) y basado en una historia de los escritores de Jurassic World. Al igual que sucedió con El Despertar de la Fuerza, aquí nuevamente se vuelve a apostar por lo seguro, es decir, el reciclaje de historias. Era algo más que previsible teniendo en cuenta la división que generó la película de Johnson que la compañía del ratón presionara por un final que supiera contentar a todo el fandom. Sin embargo, el problema no reside tanto en la originalidad sino en la cantidad de dispositivos forzados e inverosímiles que el equipo de guionistas desata en el afán de crear su propio Retorno del Jedi. Hablamos del villano Palpatine (Ian McDiarmid), el más importante de la saga, traído hasta nosotros de vuelta sin ningún tipo de explicación convincente. Una sucesión de muertes y resurrecciones llevada hasta el absurdo (acá ninguno siquiera termina el curso de Jedi pero tienen el poder curativo de la raza de Yoda). Una amenaza colosal que pone en peligro el destino del universo entero y que se termina resolviendo con una batalla insustancial, entre otros aspectos.

En este inexplicable composé, el que mejor sale parado sin duda es el personaje de Kylo Ren con un arco narrativo redondo y notablemente construido. El puchero ocasional de Adam Driver y su invariable registro actoral pánfilo más cercano a un filme indie que a una saga de este tipo, nos hace seguir pensando que lo peor que pudieron hacer desde un comienzo fue quitarle el casco. En cuanto a Rey, su viaje de autodescubrimiento y la lucha interna que debe enfrentar quizá provoque la molestia de aquellos que esperaban que el filme no fuera por el lado más fácil. Aún así, es imposible no sentir empatía por este personaje que se ganó el visto bueno desde el minuto cero. De todo el casting de esta nueva trilogía, Daisy Ridley ha sido el verdadero gran hallazgo y algo nos dice que probablemente la sigamos viendo en futuras entregas.

Entre los puntos fuertes de Episodio IX se destaca la incorporación del terror, la mesura en el humor y el despliegue de las escenas de acción que nos regalan algunas de las mejores peleas con sables que hemos visto. Y por supuesto, la música del maestro John Williams, tal vez el 80% de Star Wars y uno de los máximos responsables en otorgarle a la saga la épica que la caracterizó siempre.

Más allá de la polémica que generará dentro de la comunidad de fanáticos a través del tiempo, Star Wars: El Ascenso de Skywalker quizá sea un buen pie para que la industria en general deba replantearse a la fuerza la idea de continuar generando remixes repletos de fan service para un publico que, evidentemente, de a poco comienza a mostrar su inconformismo.

 

3 out of 5 stars (3 / 5)
One comment
  1. Maria

    Quien escribió esto esta buscando fama o qué? No entendió casi nada y el uso de adjetivos despectivos es innecesario. Sólo demuestran una opinión muy personal y subjetiva.
    Muchos fans no compartimos estas líneas. Por ej Adam Driver es un actor muy versátil. Pucheros? Shame shame shame. Le dan lugar a cualquiera…

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